Ignacio Tarragó
Es creencia, es Religión. Todo lo que se intente modificar será en vano. Todo, por mucho que se intente prohibir, será imposible. Todo, por mucho que te afecte, será un intento fallido. Las bases de una sociedad son muchas, pero cuando una de sus raíces representa un pilar básico como la Religión, todo intento de modificarla, acortarla o prohibirla no servirá para nada. La fe en una Religión que se ha fermentando a lo largo de los siglos, que forma parte de una sociedad y que otorga un sentido de vida a las personas que la practican, hace que el pensamiento de éstas sea incambiable por mucho que cambien de lugar de residencia. Los países están delimitados por fronteras, pero la Religión no está delimitada por ningún territorio. Es decir, que aquél que crea, creerá allá donde esté independientemente del país en el que esté. Voy a poner como caso el Islam, la religión Musulmana. Hay personas que la profesan en unas ciudades o países donde su práctica es común y reconocida por el Estado. El problema es cuando estas personas, por diversos motivos; económicos, sociales, culturales, cambian su lugar de residencia a otros países donde esta Religión no es la reconocida. Ahí empieza el choque de culturas, el choque de religiones. Habrá quien lo acepte y quien no.
Visto desde el mundo Occidental, el gran inconveniente que se ha provocado en torno a esto ha sido por los flujos de inmigración que han habido en estos países hacía Europa y su adaptación a los países de acogida. Por lo que, la afluencia de esta religión cada vez es mayor y nadie duda que lo sea. Pero, ¿Cómo acabará?Vivimos actualmente bajo una tendencia que podríamos llamarla “open-mind”. La gente es muy abierta de pensamiento, hay mucho sentimentalismo y preocupación en lo ajeno. Pero ¿hasta que punto somos tan solidarios? He llegado a la conclusión que hasta cierto punto. Si preguntas a la gente si les importa que residan en su país personas que practican la Religión Musulmana la gran mayoría te dicen que no. Pero si sigues preguntando te encuentras distintos matices que ponen en duda lo dicho anteriormente. Por ejemplo, si les importaría que su hija saliera con un Musulmán, o que construyeran mezquitas en sus barrios, o si les molestaría que durante tres veces al día se escuchase por toda la ciudad oraciones dirigidas a los musulmanes. Y ahí es cuando ves que las cosas no son tal y como te las pintan. Empiezas a rasgar en este tejido solidario que impregna la sociedad y descubres que algo falla. Y el problema radica en su adaptación. A casi nadie le molesta que personas de otra cultura convivan con ellos, pero cuando les afecta de primera mano la cosa cambia. Por lo tanto ¿hasta que punto estamos dispuestos a compartir? Por que tal y como he dicho antes, la Religión no tiene territorios. El que crea, creerá allá donde esté. Ya que la fe es independiente al lugar en el que uno reside. Puede ayudar, por ejemplo que en el caso de esta religión el vecino practique lo mismo que tú, que esté reconocida por el Estado o que dispongas de medios como Mezquitas para orar, ya que todo esto sirve de gran ayuda. Pero si por motivos económicos, sociales o de diversos tipos estas personas han tenido que cambiar de residencia y no disponen de todo esto tendrán que buscar medios para hacerlo. Y para entonces ¿nosotros estaremos dispuestos a dárselos? o ¿sólo una parte? Ahí comenzarán a aflorar los prejuicios, muchos de los cuales nos pensamos que no tenemos, pero en el fondo están ahí. Sino pensemos cuántas veces hemos escuchado “los que nos han hecho esto son moros”, o “son moros los que roban… si todos viniesen a trabajar me parecería perfecto, pero no es así”. O si vamos más allá, aún padecemos el síndrome 11-S y 11-M y por eso muchas veces dudamos y no estamos plenamente convencidos de sus acciones. Pero como pasa en todo, lo que hace un grupo, por muy grandioso que sea, lo paga todo un colectivo y no es justo que se haga. Si roban unos cuantos, no roban todos. Y los dolorosos atentados no fueron bien vistos por todo el mundo árabe, sino sólo por una rama que es la del Islamismo. Pero muchas veces tenemos desconocimiento de causa y juzgamos a unas personas por color, raza y religión sin saber realmente el motivo y nos dejamos influir por las voces de unos cuantos. Por lo que todo radica en nuestro pensamiento. Pero también es cierto, que al ser personas que no comparten nuestras costumbres siempre están en el punto de mira y por cada acción negativa se les analizará más críticamente desde los ojos de los Occidentales.
Visto hasta aquí, es difícil limpiarnos de todos los prejuicios y adaptarnos y convivir plenamente con una cultura. Porque queramos o no, somos portadores de una cultura que choca, en algunos puntos, con la nuestra. Podemos ser más abiertos de mente o más cerrados, más comprensibles o menos, depende de cada individuo, pero todo ciudadano forma parte de una sociedad y ésta siempre se mirará primero que es lo que le conviene y hasta que punto. Por lo tanto, es difícil que en el Islam donde su religión, en gran parte, es la base de su cultura conviva con la Occidental a gusto de todos, porque como se ha dicho anteriormente son muy diversas. Y me pregunto ¿Algún día estará dispuesta nuestra cultura occidental a una integración y a una convivencia total con la religión Musulmana? Y sino es así ¿quién marcará los límites?
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