martes, 17 de mayo de 2011

Ens tallen les ales, i després som mandrosos

Ignacio Tarragó
 
“Els joves d’avui en dia no fan res. Només feu que estirar la butxaca dels vostres pares i sortir de festa. Sou uns mandrosos. Ni estudieu ni treballeu”.
Quantes vegades, joves com jo i segur que molts com vosaltres, hem sigut pertíceps d’una conversa molt semblant o d’algun comentari fora de to que feia referència a aquesta situació. I sí, corre aquest punt de vista pel món. La generació dels nostres pares diu que som el pitjor, però la generació dels nostres avis deien el mateix de la dels nostres pares. Això és un peix que es mossega la cua, una excusa que es va passant d’uns a uns altres. Estic fart d’escoltar això, perquè pel que fan certes persones, es globalitza i es critica a tota una franja d’edat, com en el meu cas, que és la jove.
Després estàs veient la televisió i veus programes com la Generación NI-NI. I és real això, però no tots en formem part. Disculpeu, molts estudiem i treballem i no es pot generalitzar. Després, moltes vegades molts busquem feina o volem tenir alguna iniciativa i se’ns talla les ales. Moltes empreses diuen que no poden acollir més personal o més propostes. Llavors, com volen que tirem? Perquè si alguna cosa té aquesta societat juvenil són idees creatives i ganes per fer alguna cosa. Perquè estem farts d’escoltar que les coses estan fatal i, alhora, que som uns “vagos”. Qui ens deixarà explotar les nostres idees?
Una de les experiències que m’he trobat relacionat amb això, va ser el passat cap de setmana. Un grup d’estudiants vam anar al Vaticà a gravar a un grup de joves que sortia de Barcelona amb furgoneta per participar en la beatificació de Juan Pau II. Com que volíem tenir imatges de la Plaça Sant Pere, vam demanar acreditacions a la Oficina de Premsa. Abans havíem recollit el consentiment d’una treballadora i professora de TV3 i també d’un periodista que a més és capellà i ex treballador de la Oficina de Premsa del Vaticà. Vam explicar la nostra proposta per escrit i ens la van denegar. Van dir que reservaven les autoritzacions pels professionals. Això fa gràcia, perquè després sí que demanen participació com a voluntaris. Però ajudar-nos ha explotar les nostres idees es veu que no. No passa res, el que sí que està permès és mostrar programes com el de la Generación NI-NI que el que provoca és alimentar a la societat perquè després tinguin aquesta concepció generalista de nosaltres, en la que tots no hi som partíceps.

La política de corre caminos

Ignacio Tarragó

Bellaterra está cogiendo el color que le faltaba desde hace años, y esto hay que admitirlo. Poco a poco va cogiendo esa forma con la que tanto se soñaba. Han pintado las líneas de la carretera, han creado una zona verde, han colocado un monumento con el nombre del pueblo en las entradas.... Pero lo penoso, es que detrás de esto hay una intención enorme, conseguir votos y más votos. Más vale tarde que nunca, pero ¿tan tarde? Después de cuatro años a la espera de que lo arreglasen y a dos semanas de las elecciones, se ponen las pilas. Tranquilos que por mucho esfuerzo que pongáis ya se ha demostrado que están más que agotadas. Es lo que pasa después de dejarlas tantos años sin cargar. Y ahora os ilusionáis haciendo esto para que os apoyemos. Es gracioso. Tampoco hay que ser ambiciosos, estos últimos hechos son los que compensan vuestra alcaldía pasada, pero para la futura lo más seguro es que toquen nuevos aires. Lo vuestros ya están contaminados. 

Convivencia entre culturas; ¿una realidad o un engaño?

Ignacio Tarragó
Es creencia, es Religión. Todo lo que se intente modificar será en vano. Todo, por mucho que se intente prohibir, será imposible. Todo, por mucho que te afecte, será un intento fallido. Las bases de una sociedad son muchas, pero cuando una de sus raíces representa un pilar básico como la Religión, todo intento de modificarla, acortarla o prohibirla no servirá para nada. La fe en una Religión que se ha fermentando a lo largo de los siglos, que forma parte de una sociedad y que otorga un sentido de vida a las personas que la practican, hace que el pensamiento de éstas sea incambiable por mucho que cambien de lugar de residencia. Los países están delimitados por fronteras, pero la Religión no está delimitada por ningún territorio. Es decir, que aquél que crea, creerá allá donde esté independientemente del país en el que esté. Voy a poner como caso el Islam, la religión Musulmana. Hay personas que la profesan en unas ciudades o países donde su práctica es común y reconocida por el Estado. El problema es cuando estas personas, por diversos motivos; económicos, sociales, culturales, cambian su lugar de residencia a otros países donde esta Religión no es la  reconocida. Ahí empieza el choque de culturas, el choque de religiones. Habrá quien lo acepte y quien no.
Visto desde el mundo Occidental, el gran inconveniente que se ha provocado en torno a esto ha sido por los flujos de inmigración que han habido en estos países hacía Europa y su adaptación a los países de acogida. Por lo que, la afluencia de esta religión cada vez es mayor y nadie duda que lo sea. Pero, ¿Cómo acabará?
Vivimos actualmente bajo una tendencia que podríamos llamarla “open-mind”. La gente es muy abierta de pensamiento, hay mucho sentimentalismo y preocupación en lo ajeno. Pero ¿hasta que punto somos tan solidarios? He llegado a la conclusión que hasta cierto punto. Si preguntas a la gente si les importa que residan en su país personas que practican la Religión Musulmana la gran mayoría te dicen que no. Pero si sigues preguntando te encuentras distintos matices que ponen en duda lo dicho anteriormente. Por ejemplo, si les importaría que su hija saliera con un Musulmán, o que construyeran mezquitas en sus barrios, o si les molestaría que durante tres veces al día se escuchase por toda la ciudad oraciones dirigidas a los musulmanes. Y ahí es cuando ves que las cosas no son tal y como te las pintan. Empiezas a rasgar en este tejido solidario que impregna la sociedad y descubres que algo falla. Y el problema radica en su adaptación. A casi nadie le molesta que personas de otra cultura convivan con ellos, pero cuando les afecta de primera mano la cosa cambia. Por lo tanto ¿hasta que punto estamos dispuestos a compartir? Por que tal y como he dicho antes, la Religión no tiene territorios. El que crea, creerá allá donde esté. Ya que la fe es independiente al lugar en el que uno reside. Puede ayudar, por ejemplo que en el caso de esta religión el vecino practique lo mismo que tú, que esté reconocida por el Estado o que dispongas de medios como Mezquitas para orar, ya que todo esto sirve de gran ayuda. Pero si por motivos económicos, sociales o de diversos tipos estas personas han tenido que cambiar de residencia y no disponen de todo esto tendrán que buscar medios para hacerlo. Y para entonces ¿nosotros estaremos dispuestos a dárselos? o ¿sólo una parte? Ahí comenzarán a aflorar los prejuicios, muchos de los cuales nos pensamos que no tenemos, pero en el fondo están ahí. Sino pensemos cuántas veces hemos escuchado “los que nos han hecho esto son moros”, o “son moros los que roban… si todos viniesen a trabajar me parecería perfecto, pero no es así”. O si vamos más allá, aún padecemos el síndrome 11-S y 11-M y por eso muchas veces dudamos y no estamos plenamente convencidos de sus acciones. Pero como pasa en todo, lo que hace un grupo, por muy grandioso que sea, lo paga todo un colectivo y no es justo que se haga. Si roban unos cuantos, no roban todos. Y los dolorosos atentados no fueron bien vistos por todo el mundo árabe, sino sólo por una rama que es la del Islamismo. Pero muchas veces tenemos desconocimiento de causa y juzgamos a unas personas por color, raza y religión sin saber realmente el motivo y nos dejamos influir por las voces de unos cuantos. Por lo que todo radica en nuestro pensamiento. Pero también es cierto, que al ser personas que no comparten nuestras costumbres siempre están en el punto de mira y por cada acción negativa se les analizará más críticamente desde los ojos de los Occidentales.
Visto hasta aquí, es difícil limpiarnos de todos los prejuicios y adaptarnos y convivir plenamente con una cultura. Porque queramos o no, somos portadores de una cultura que choca, en algunos puntos, con la nuestra. Podemos ser más abiertos de mente o más cerrados, más comprensibles o menos, depende de cada individuo, pero todo ciudadano forma parte de una sociedad y ésta siempre se mirará primero que es lo que le conviene y hasta que punto.  Por lo tanto, es difícil que en el Islam donde su religión, en gran parte, es la base de su cultura conviva con la Occidental a gusto de todos, porque como se ha dicho anteriormente son muy diversas. Y me pregunto ¿Algún día estará dispuesta nuestra cultura occidental a una integración y a una convivencia total con la religión Musulmana? Y sino es así ¿quién marcará los límites?