Ignacio Tarragó
Vivimos en el reino de la ignorancia, la incredulidad y el “burrismo” porque nos la cuelan como quieren. Pero hay que admitir que esa famosa ignorancia es una de las mejores armas, igual que la del silencio. Y yo soy el primero que caigo y peco. Con esto me refiero a la de veces que un personaje ha hecho un discurso y tú te lo has creído de arriba a bajo, como el más burro. Primero, porque no sabias mucho de lo que hablaba y segundo, porque su convicción al explicarlo hacía que te lo creyeras hasta la médula. Y lo más gracioso es cuando te percatas que aquello no era tan “verdad” como te parecía antes, y en ese momento si que sientes que te la han colado como han querido. Pero lo peor de todo es que tal personaje se creía el poseedor de la verdad.
Así es como estamos hoy en día. Todo apuntaba a que no iba a ser así, ya que vivimos en un mundo en que la información la encontramos dónde sea y cuándo sea. Y tiempo, aunque creamos que no lo tenemos, lo tenemos. Pero la sociedad esta hecha como está. Y somos parte de una gran masa, que influida bajo el narcótico sentimentalista de la sociedad moderna, no sabe de lo que dice, pero opina como la que más. Y esto se ve reflejado en el día a día. Por lo que muchos temas polémicos exacerban a muchas personas que influidas bajo esta corriente de pensamiento “open-mind”, que tanto se lleva hoy en día, juzgan pensándose que ellos tiene la razón en la boca. Pero luego te das cuenta que tampoco saben tanto de lo que dicen, aunque se irriten como si la vida les fuera en ello. Pero su forma de decirlo, con mucha rotundidad y contundencia hace que te lo creas y que pienses que realmente sí que dominan de lo que hablan y que tienen carácter.
No nos equivoquemos, el gritar o la indignación que muestra uno, no es más que puro estilo. Como el que prefiere escribir de forma irónica o mediante ejemplos. El carácter como dice Josep Maria Espinàs “es el que da la identidad al escritor”, “es lo que deja, su señal”. El gran problema radica en el qué y cómo lo decimos. Porque puede parecer que tal personaje tenga una gran identidad y que realmente sepa de lo que dice, pero hay que vigilar porque “puede haber una dosis excesiva de ignorancia y de incultura”. Pienso que lo que falta es saber más sobre lo que se habla y menos exaltación por cosas que a uno le pueden conmover, pero en el fondo no sabe ni porqué le conmueven.
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